4 sept. 2011

Te voy a decir una cosa...


Podíamos pasar horas hablando. Teníamos tantas cosas que decirnos.. Además, doy fe de que encontraba en esas conversaciones un componente imprescindible en mi vida. Hablábamos y hablábamos. Los temas a tratar eran inagotables. No teníamos jamás un rato de silencio. Pero cuando lo había seguíamos comunicándonos mediante una cómplice mirada.
Los buenos amigos hablan de todo y de nada. Son capaces de intercalar conversaciones simples y cotidianas con otras metafísicas sobre "el entender a alguien", ambos siempre intercaladas de preguntas tontas. Esa facilidad para comunicarse de manera sincera, confesarlo todo, tanto lo bueno como lo malo, y ser capaces de entenderse, es lo que hace de la amistad algo tan sumamente especial. Cuando hablamos puedo percibir esa confianza inequívoca... 

Abrazado a ti... cualquier problema me parece pequeño...