7 sept. 2011

Autodestrucción.



¿No somos victimas de nuestro propio parecer? De nuestras palabras y reflexiones, de los domingos y las bastas vejaciones.

Creerse el más loco en este mundo donde al más cuerdo se le llama bipolar. Sitios donde los inteligentes se hacen pasar por imbéciles y los imbéciles fingen saberlo todo olvidando por momentos como leer y escribir abc.
Empezar los libros por el desenlace, intentar averiguar la pregunta de una respuesta sin coherencia.

Jurar por Dios, blasfemar por doquier y profanar lo previsto.
Fumar cada cigarrillo como solución a una supuesto estrés, irónico final para alguien que morirá con cemento en los pulmones; y es así, la autodestrucción, el título del libro que escribirá la extinción de la humanidad.

Como una ola de frío en pleno Julio que manda morir de hipotermia a todo el fuego que destruye todas esas almas vacías, sin un destino fijo, sin una razón de ser, sin cuerpo. Pues nadie le llevará la contraria a la voz cantante y nos tomaremos la política como un juego, aquel juego al que no nos dejaron jugar de niños.